Xantala

Aprender a relacionarse

Posted on: enero 13, 2012

Sabias reflexiones de Suzy Stoke sobre el mundo de las relaciones desde su enfoque gestáltico. Fragmento prestado del Blog Transformar la Educación, podéis leer todo el texto aquí.

Las relación más importante, la del origen, es la relación con nuestros padres, con el ambiente, donde nacimos, donde se creó la carencia de amor. Todos nosotros recibimos menos amor y menos aprobación de la que necesitábamos para desarrollar nuestro potencial y con esta carencia y debido a ella, aprendemos nuestro sistema de ideas, salimos de ese ambiente con ideas muy concretas de cómo debemos ser, y de cómo es el mundo. Salimos de ese ambiente muy empobrecidos en nuestro mundo emocional. Crecemos, y nos convertimos en adultos, nuestro cuerpo ha crecido, pero emocionalmente seguimos dependiendo de ese amor no recibido en la cantidad que lo necesitabamos; y eso lo transferimos a todas las relaciones futuras.

Primeramente buscamos la pareja. 
Buscamos una pareja con la ilusión de que nos va a  llenar todo aquello que no recibimos de nuestros padres en la infancia. Salimos con esa ilusión de que realmente eso ocurrirá. Hay personas que ya escucharon eso miles de veces y caen en la trampa. Es más fuerte que uno. Puede ser que hayas leído, escuchado, o pasado por terapias, pero de pronto te ves exactamente haciendo lo mismo, poniendo en el otro todas tus expectativas, imaginando que él será tu salvador, entonces creas la relación con estas expectativas, y seguramente el otro también. Los dos entran con lo mismo, con cosas no dichas, siendo muy poco conscientes.

Y ocurre la fase de la pasión. Hablábamos de eso un poco antes. No todos, aunque muchos empiezan una relación con el enamoramiento y ese momento es divino, es mágico,  todo parece absolutamente perfecto, no falta nada, lo único que uno necesita es a él o ella a su lado y así poder ser la persona más felíz del mundo.

El enamoramiento me hace mejor, me permite exponer mis mejores cualidades. Yo quiero conquistar al otro. Quiero mostrar lo mejor de mí. Quiero ser el centro de la vida del otro. Quiero que sea mi centro, el centro de mi vida. Hago del otro mi total dependencia. Dependo del otro para ser feliz. Eso no me viene a la mente de forma clara, pero es lo que ocurre.

Pasado un tiempo la pasión se va, no dura. Me imagino que todos lo sabemos y hemos pasado por la experiencia. Viene la rutina, el día a día, otros compromisos, necesidades, y de pronto ya no estamos más mostrando lo mejor de nosotros, lo que queremos ahora es que el otro cumpla con nuestras expectativas, todas, pues “yo lo elegí como mi salvador, y como lo amo, entonces obviamente va a satisfacer todo lo que necesito”. El razonamiento es tan obvio para mi como dos más dos es igual a cuatro.

Comienzan las frustraciones, los conflictos, los desencuentros y la relación no crece, cada uno está esperando algo del otro.
Queremos mucho y damos poco.
Queremos comprensión y nos olvidamos de comprender.
Tenemos la certeza de que si el otro cambia seremos felices, y estamos esperando que el otro cambie, para entonces yo quizás dar un pasito.

Las dos personas entran en el mismo juego, y eso causa distancia, abismo, incomunicación, separación, muchas veces relaciones que se enfrían, que se mantienen por conveniencia, otras veces son relaciones de mucho conflicto donde las personas están peleando para intentar convencer al otro de que tienen la razón.

La pareja es un lugar en donde aprender a relacionarse es fundamental, aprender a comunicarse con el corazón limpio, aprender a ver donde estoy yo y donde estas tú y qué hacemos juntos, para que estamos juntos, porqué al fin y al cabo elegimos una vida de a dos, juntos.

Es como aprender a mirar, no desde nuestras proyecciones y expectativas, sino desde lo que soy, y lo que es el otro, el yo y el tu individuales que juntos pueden realmente formar  -yo-tu- un nosotros que funcione, que sea constructivo.

Nosotros no fuimos educados para saber relacionarnos de una forma constructiva, no fuimos educados para relacionarnos de ninguna manera, es algo que no pasó en la educación. Es uno de los temas que Claudio Naranjo aborda con mucha énfasis últimamente: “la educación no educa”.

Entonces, de la relación de nuestros padres, nosotros como hijos pasamos a la relación de pareja, la relación amorosa, o pseudoamorosa, hasta que pueda realmente ser amorosa de verdad.

Casi naturalmente se forman familias, y vienen los hijos. Si no aprendemos realmente a relacionarnos vamos a estar repitiendo historias, pasando a nuestros hijos exactamente lo que recibimos y que, ya lo sabemos, no fue muy satisfactorio. De esta manera no podremos dar a los hijos una nueva oportunidad, estaremos simplemente dejando pasar el tiempo.

Y si miramos atentamente, las historias son muy semejantes.

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